Blog
Home > Blog > Los trastornos de mis hijos, desde los patrones educativos familiares menos comentados: “be the best”
Más información Telf. 93 115 92 89 610 12 26 57

Los trastornos de mis hijos, desde los patrones educativos familiares menos comentados: “be the best”

21 de mayo de 2013 por drdrsambola15

“Tengo miedo a que mi hijo sea adolescente”; “¿a ver con quién se relacionará?”; “ me da temor que pueda caer en las drogas”

Frases como estas son sentidas, silenciadas, pronunciadas, escuchadas por amigos y como motivo de consulta de padres con angustia anticipatoria sobre el carácter o comportamiento social que sus hijos puedan llegar a tener en la adolescencia o juventud.

En otras ocasiones, cuando han llegado estos años y se encuentran con problemas conductuales, drogas, agresividad, abandono escolar, conductas disfuncionales en el hogar; son motivo de consulta muchos padres aquejados de que sus hijos tienen problemas; al solicitar ayuda son variadas las manifestaciones emocionales que experimentan: desde el enfado, la preocupación, el miedo; pero por sobre todo oculta o manifiestamente suelen sentir culpa como expresión de su angustia.

La culpa como modo de queja se convierte en una especie de postura que favorece la parálisis familiar retorciéndose en la excusa del propio lamento sufridor.

En los jóvenes y adolescentes muchas veces nos encontramos ante la callada voz de los obstáculos: “mi madre tiene miedo”; “mis padres tienen la culpa”, entresijos donde nuestros hijos se escapan y se permiten sus conductas poco sanas, que además se refuerzan.

¿En dónde están las raíces del problema? En la responsabilidad compartida de los valores que transmitimos y la responsabilidad de nuestros hijos de leer la realidad de muchos modos diferentes a nuestras buenas intenciones.

Muchas veces hemos dicho o escuchado las frases hechas como: “no nacemos con un manual de padres debajo del brazo” o que “lo hacemos lo mejor posible”

Parafraseando a Elsa Punset que ha dicho algo como: “Lo ideal sería que cuando eres pequeño tus padres y tus maestros supieran lo suficiente sobre las emociones como para ayudarte a navegar por ellas. Ha habido un gran fallo de la sociedad: hemos dejado a los padres muy desamparados, les obligamos a sacarse titulitos para todo menos para tener hijos y para entender cómo funcionan emocionalmente”. (En entrevista concedida en la promoción de su libro: “Brújula para navegantes emocionales”)

En la observación clínica no nos encontramos con lo ideal, es inevitable encontrarnos con variados perfiles de familias que se repiten acompañando a sus hijos que sufren por algún trastorno emocional o que se drogan.

He aquí, desde la observación una clasificación popular, de uno de esos patrones familiares poco sanos, que NO favorecen cuando estamos educando a otros.

Es importante clarificar que cuando nos referimos a estilos nocivos se trata de lo que destaca unipolarmente, se acentúa o sobreabunda como la forma de relación entre los padres con sus hijos.

He aquí la gran diferencia entre: “quiero lo mejor para mis hijos” y “quiero que mi hijo sea el mejor”

1- “Be the best” (Sé el mejor). Este estilo educativo tiene varios matices, aunque se refiere básicamente a aquellos padres que planean a sus hijos y a su futuro desde sus propias expectativas “que sean los mejores” es un posicionamiento egoísta, limitado sobre las necesidades de sus hijos; muchas veces les someten a una sobrecarga en estudios, idiomas, refuerzos y tienen poca comunicación con ellos, poco tiempo para interesarse por sus gustos, intereses, sentimientos, por compartir el tiempo libre de un modo distendido. Suelen ser entornos familiares de de alta exigencia y autoritarismo donde se menosprecia la falta de competencia específica, en tanto se promueve la no expresión de debilidades, discapacidades o limitaciones; incluso, y esto es lo más nocivo de todo, los hijos pueden llegar a leer y/o interpretar que para ganar el amor de sus padres, nublado por la exigencia fría, han de conseguir ser como sus padres desean, y esto puede suponer una carrera de fondo estresante, tensa y de insatisfacción crónica a largo plazo… porque el amor no tiene nada que ver con ser el mejor, nunca fue así, no estamos necesitados de ser los mejores, en cambio estamos necesitados de ser amados sin condición, sencillamente por quienes somos. Este estilo, muy presente en nuestras consultas acaba desvirtuando el propósito del afecto natural, necesario mientras se gesta la afectividad humana.

 

En definitiva, en próximas reflexiones desde la contemplación del sufrimiento humano, no desde los síntomas, continuaremos compartiendo, porque siempre que dos escuchemos habrá lugar para el diálogo.

 

Así hablaremos más de los patrones que se hacen clásicos sobre el mantenimiento de un sistema familiar enfermo: “sé el mejor, no se te ocurra equivocarte, no hables, no sientas, no confíes, no pierdas el control y no busques ayuda fuera”.

 

 


Etiquetas:
Publicado en Adicciones Adolescencia